JOAQUÍN GÓMEZ, “APRENDIENDO A SER MEJOR, ENTRENANDO PARA ESTAR MEJOR”

Hace ya casi tres años que aterricé en Trinet. El deporte siempre ha sido algo que he practicado durante toda mi vida. La verdad es que en ninguno he destacado, pero nunca he dejado de practicarlo. Si, yo también he corrido como un tonto detrás de una pelota. Incluso hubo unos años que estuve practicando boxeo, por cierto, muy recomendable y uno de los deportes donde el respeto es lo más importante.

 

Al final acabé como muchos, corriendo. Lo de correr fue por accidente, como muchas cosas en mí. Empecé a correr de Campello a San Juan. Me hice con un reloj de esos que te miden los pasos, imagino que vendría en una bolsa de magdalenas. Después de estar un año corriendo, me di cuenta que mi reloj marcaba 6 km, pero que en realidad yo hacía más de 10. Y dije, otras, si puedo correr 10, puedo correr 20. Y me puse como el tonto del pueblo a correr toda media maratón que se me ponía por delante.

Cuando entré en Trinet la cosa no pintaba bien, venía de estar parado más de siete meses. Me lesioné en la media de Santa Pola, por hacer el burro. Una parte importante de mi entrada en Trinet fue mi hermano Cristian. Si, Cristian, ese que no hace caso a nadie, ni siquiera a mí, pero al final siempre nos sorprende.

 

Como digo el comienzo fue algo raro. Yo, muy chulito de mí, dije, primero a la piscina. Seguro que conoces esa situación en la que vas con la seguridad de que sabes hacer algo, con tu orgullo intacto y al final acabas con tu dignidad por los pies. Pues ese fue mi primer chapuzón, un baño de realidad. De repente una chiquilla de "venti pocos", dice que nade. Y allá fui yo, busca en YouTube “nadar peor imposible”, pues eso. Creo que Karin aguanto la risa como una campeona. Pues sí, estuve una semana agarrado a la pared dando patadas al agua.

 

La historia del ciclismo también tiene su parte trágica. Creo que fue mi primer triatlón, mi hermano y yo volvíamos a las tantas de la madrugada y de repente empiezo a ver salir chispas por detrás del coche. Paré como puede a un lado y lo que en su día fue una Orbea, era un amasijo de hierros. Pero tengo que reconocer que a la bici le he cogido mucho gusto y me encanta salir con ella. Y cuando salimos todos en grupo y ves esa serpiente rosa por la carretera, se siente uno orgulloso. En la bici también he visto a Juan Luis dar una vuelta entera, pero de campana, menos mal que no pasó nada, pero lo que nos reímos.

También me acuerdo mi primer entrenamiento en la pista. Me dije, Joaquín, nadando das pena y en la bici te aguantas por no caerte. Pero aquí, si, esto es lo mío, llevo más kilómetros encima que unos cuantos cumpleaños de Krisz. Pues nada, otra lección de humildad. ¿pero aquí cuando corremos? Un tío como yo, con más de cuarenta años, revolcándome por el suelo y dando saltos como un chiquillo. Cierto es que ese día descubrí multitud de músculos que antes no conocía, las agujetas los delataron.

 

Pero al final todo tiene su lógica, y lo que para mí al principio eran dos locas del deporte, sin piedad y un valiente (lo digo por Valentín), ser transformo en dos extraordinarias entrenadoras y un valiente (Valentín), que han hecho de mi lo que ahora soy. Esas patadas al agua y esos tragos de cloro han conseguido que nade más de 1500m y encima disfrute. Los saltos y revolcones por el suelo han conseguido que corra más rápido que nunca, por debajo de 5 minutos el km. Y en la bici, yo no habría hecho el Tour del Juguete sin sus entrenamientos y consejos. Bueno lo del Tour también fue por el empuje de Sonia y Luz que me sirvieron como fuente de inspiración para no abandonar. Bueno y por Manolo que estuvo dos horas diciéndome “ya queda poco”.

No puedo callarme, “soy feliz en este club”. La diversidad del grupo humano es un espectáculo. No competimos, disfrutamos. El uno tira del otro, y el otro del uno. Cada uno de vosotros, mis compañeros de Trinet sois un ejemplo a seguir. Cada uno con su historia particular de esfuerzo y sacrificio. Las relaciones personales hacen que disfrutemos de cada entrenamiento. Siempre hay alguien que te ofrece su hombro para correr juntos. Siempre hay alguien que te espera o que te empuja para que te esfuerces. Lo importante es que podemos elegir.

Y yo voy con pack indivisible familiar. Madre mía, si hace unos años alguien me hubiese dicho que las remilgadas de mis hijas y caprichosas ahora nadan mejor que yo y corren junto a mí, no me lo hubiese creído. Eso también lo ha conseguido Trinet.  Pero ambas han aprendido algo muy importante, primero a respetar a los demás y después a saber que pueden conseguir lo que se propongan, ya que en todos los entrenamientos ven a esas heroínas que les sirven como ejemplo.

 

Y ahora a seguir buscando nuevos retos, pero siempre de rosa.