Resumen de la III Carrera familiar Trinet (14-XII-2014) por @trizand

Por tercer año consecutivo (2013 AQUÍ y 2012 AQUÍ) nos embarcamos en ese día de competición festiva, o de fiesta competitiva de la Carrera Familiar de los amigos de Trinet. Un día para disfrutar con la familia, y que siempre tiene ese puntito competitivo para probarte a ver qué tal va la pretemporada. Y este año, el desembarco era total: las tres generaciones de la Armada Izquierdo al completo: Abuelo, padre, tío, e hijos.

 

 

          Para variar llegamos prontísimo, así que después de saludar a los organizadores (¡Hola Javi y Krisztina!), recoger dorsales y calentar, nos vamos preparando para la primera carrera: duatlón para niños. Después de duros meses de entrenamiento, el campeón estaba preparado en su máquina último modelo (prototipo no comercializado aún)

 

Bici de contrareloj y casco aero

 

          En su carrera, había atletas de gran nivel, con más años de entrenamiento que él, por lo que se preveía bastante disputada. Así que bueno, más que nunca, lo importante era el participar y acabar. La tensión se mascaba en la línea de salida.

 

Alberto era el más bajito (y seguramente el de menor edad)

 

          Al dar la salida, el futuro campeón salió a tope por la calle de fuera, ignorando mis gritos de “ve por la cuerda que es más corto” y de “no hagas eses y corre en recto”. Al llegar a la bici, le ponemos el casco y empezamos a rodar, pero el pobrete iba tan a tope que a medio camino empieza a decirme que está muy cansado y que deja la bici y sigue corriendo. Así que papá remolca la bici en una mano, y al futuro campeón en la otra andando hasta la línea de desmontaje. Allí dejamos la bici y el casco, y enfilamos la larga línea de meta, donde vuelve a recuperarse y acaba corriendo otra vez. Aunque salió a tope y se desfondó a media carrera, su cara cruzando la meta lo dice todo.

 

          La segunda carrera del día (quitando la de benjamines a la que Alberto no participaba) era la de relevos. Primer relevo de 400 metros para el integrante más joven y el más mayor del equipo (abuelo y nieto), 1500 para mi hermano y 3000 para mí;. En la línea de salida se mascaba la tensión…

 

          La salida ya intuía cómo acabaría nuestro primer relevo: Alberto a tope y el abuelo intentando llevarle por su lado…

 

¡¡Pero ir por el interior que es más corto!!

 

          La primera posta acabó en posiciones retrasadas, y toda la responsabilidad recayó en el hermanísimo. Relevo rápido y a recuperar posiciones.

 

 Relevo generacional (literalmente)
          Después de una vuelta de 1500 en la que me consta que remontó todo lo remontable, llega mi turno: relevo rápido y a correr para apuntalar la posición.

 

 

          En mi caso, poco puedo contar de gran parte de los 3000 metros que me tocaban: intenté ir a un ritmo “ágil” (4:24 min/km) , sin reventar pero sin ir cómodo en ningún momento, y vigilando de reojo a la gente que tenía delante y detrás.

 

          Llegando al tartán para acabar los relevos, veo como un corredor se va acercando peligrosamente por detrás, afilando los colmillos. En vez de apretar (y reventar a los 50 metros), sigo a un ritmo “cómodo” esperando su movimiento desde atrás. Acaba la recta de contrameta, y en la curva ya veo como empieza a adelantarme. Subo una marcha para ponerme en paralelo, vuelve a apretar a lo que yo vuelvo a responder subiendo aún más mi ritmo, y él vuelve a apretar. Como si fuera un mítico sprint entre Kris Gemmell y Bevan Docherty, o entre J. Brownlee y Gómez Noya, apretamos hasta cerca de la meta, donde el más fuerte ganó. Y no, no fui yo…

 

 “La importancia de hacer series en pretemporada”

 

           Después de recuperarme físicamente (que no psicológicamente por mi orgullo triatlético herido), nos preparamos para la última carrera de 6000 metros. A estas alturas de temporada (comienzo de pre-temporada), el objetivo era bajar de 5 min/km.
          La carrera, aunque más larga que la anterior, no tuvo mucho misterio: ritmo constante de entre 4:50 a 4:55 (al final salió una media de 4:52 min/km), codo a codo con mi hermano, incluso parloteando en determinados tramos. Tan juntos íbamos, que en determinados momentos hasta llevábamos la misma zancada.

 

 Ríete de los Brownlee

 

          ¿Ritmo cómodo? Se supone que entonces acabaríamos enteros y con fuerzas. Pues una imagen vale más que mil palabras.

 

          Acabada la carrera, y a sabiendas que no habíamos rascado ningún podio, viene lo mejor del día: la rifa /sorteo. Se me ha olvidado decirlo, pero todas las carreras estuvieron aderezadas con los gritos y ánimos de Javi, a nivel de cualquier speaker profesional. Y la espera por el sorteo valió la pena: nos cayeron un par de regalos, a Alberto le dieron otro regalito por ser de los más pequeños, y aunque mucha gente se fue, nos quedamos un rato con la comida en donde cada uno puso un poco de su parte. Hasta el cielo puso de su parte, ya que daban lluvia y aguantó el cielo todo el día.
          Resumiendo: una carrera familiar / quedada entre amigos totalmente recomendable, con un ambiente festivo y de camaradería que invita a repetir (¡¡yo ya llevo tres veces!!). Y una cantidad de premios en el sorteo impropia de este nivel de carreras, donde se demuestra que la gente de Trinet se trabaja mucho el evento.
          Y como epílogo, una anécdota. Esperando al sorteo, se me acercó el compañero que me quitó las pegatinas en el sprint de los relevos, y me dijo que sentía haberme adelantado así. Mi respuesta, sincera, fue que las carreras acaban en la línea de meta y que me había ganado bien ganado. Y oye, cosas así son un puntito de motivación extra para entrenar series…

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