La aventura como triatleta

Aquí comienza mi aventura deportista. Tras varios meses de gimnasio, nuevas amistades y unas cuantas semanas de salir a correr, Krisz me convence y apunta para que participe en mi primer triatlón de distancia super supersprint (300 mts nado, 10 k bici , 2.5 k carrera a pie).

El sábado por la tarde nos acercamos Pablo, Valeria, Julia y yo a recoger los dorsales y ya de paso, a respirar un poco de este nuevo ambiente deportivo al que no estoy para nada habituada. Entonces se disparan mis miedos e inseguridades: qué hago yo aquí, yo nunca he hecho deporte, no vengo entrenada, por qué me he dejado convencer? Cuando me quiero dar cuenta, estoy dejando la bici en boxes y preparando todo lo necesario para el día siguiente: mochila con gafas de nadar, zapatillas de deporte, casco, porta dorsal etc. No se me puede olvidar nada, ni siquiera ninguno de los consejos que Javi nos dio un par de días antes para afrontar este primer reto con éxito.

Domingo, siete de la mañana. Suena el despertador… Los nervios apenas me han dejado pegar ojo, pero no ha sido difícil levantarse de la cama de un salto. LuRR, acabemos con esto cuanto antes. Cuando llegamos a la Playa de San Juan, el ambiente era el mismo que el día anterior. Mucha gente deportista, deportista de verdad, mucha bici bonita (puedo diferenciar entre decenas de modelos distintos de motos, pero respecto a bicis, solo puedo decir si los colores de una me gustan más que los de la otra), música, ambiente… y público. Público diverso que minutos más tarde me va a ver entrar y salir del agua (sin arrastrarme con un poco de suerte), contemplarán mi magnífica técnica de ciclista inexperta y por supuesto y como no, observarán cómo soy capaz de correr dos kilómetros y medio a la velocidad de la…. Bueno, a mi velocidad, a mi moderada y lenta velocidad.

De nuevo la misma pregunta taladra las únicas neuronas que quedan cuerdas dentro de mi cabeza: pero qué hago yo aquí? Intento repetir una y otra vez las palabras de esa chica a la que acabo de conocer: “vamos, tú puedes. Yo sí que confío en ti.” Tú puedes…tú puedes…vamos.

En la arena ya, mis compañeras debutantes y yo. Allí nos encontramos, más o menos nerviosas, más o menos preparadas, esperando a que alguien nos diga, preparadas chicas, lo vais a hacer muy bien! Ánimo a todas, no tengáis miedo… Pero no. De repente algo indica que es momento de correr. Correr hacia el agua, y nadar. Nadar como puedas, lo más rápido que puedas y salir de allí.

En el agua, mis primera brazadas…ya no hay nervios, ni tensión. Esto ha comenzado y ahora hay que acabar. Mi meta, acabar. Las cosas que se empiezan, se terminan.

Doblo en la primera boya, doblo en la segunda, miro hacia el frente y allí está, el arco azul que tengo que alcanzar… y consigo alcanzar.

Corriendo hacia la T1, exahusta, mareada (Dios, qué duro es esto), escucho pero no veo, voces lejanas que me alientan y entre ellas, están ellos: Pablo con la cámara de fotos. No me cabe duda de que inmortalizará de sobra tal evento. Krisz, esta persona que acabo de conocer, y mi pequeña Valeria, que con dos añitos se convierte este día en mi animadora oficial: “mamá campeona, grita con sus manitas alzadas al aire”.

Llego a la T1 y ahí están mis compañeras, Nuria y Julia, preparándose para afrontar la segunda parte de este reto. Las miro, y me tranquiliza verlas. Aquí estamos las tres, Karin vuela hacia la meta pero nosotras aquí estamos… las tres.

Salimos de la T1 (son términos que hasta hoy, solo había oído en la tele), y nos vamos a por los 10 en bici. Nuria desaparece. Ella, su bici, y su dorsal volador se acercan más rápidamente hacia nuestro primer objetivo…acabar. Julia , mi compañera de entrenos, a mi lado. Estoy cansada, mucho. Y el calor pesa sobre mí como una losa de media tonelada.

Una rotonda, subida, luego bajada…muy bien Lurr, esto lo hiciste el otro día con Javi, recuérdalo, es pan comido.

Las piernas aguantan, pero el calor es casi insoportable cuando por fin llegamos a la T2, en el parque. Me bajo de la bici y me mareo… mis oídos dejan de hacer su función y las voces conocidas se alejan cada vez más y más. “Estoy mareada, no puedo”. Poco a poco y con esfuerzo, consigo oir una voz conocida “no corras! Tranquila! Bebe agua, no hay prisa!” Pablo estaba ahí, como en el agua al entrar, al salir, en la T1, durante el recorrido de la bici…y ahora en la T2. Ahí estaba diciéndome lo que tenía que hacer. Y Krisz con Valeria, animándome, cuidando que no me fuera sin beber, y animándome. Quedaba lo más duro.

LuRR, bebe agua, quítate el casco, ponte la camiseta (recuerda el orden, te lo dijo Javi), y bebe.

Julia está delante, ahí va…Pero tú no corras, anda. Y luego corre.

Segunda prueba superada. Vamos a por la tercera. Estamos en el parque. No sé cómo, pero ya me encuentro aquí. Mis piernas no responden. Duelen pero poco a poco, comienzo a correr.

Qué estoy haciendo aquí? Yo no soy deportista y nunca lo he sido. Recuerdas tus jornadas maratonianas en la biblioteca delante de tus libros y apuntes? Aquellos exámenes interminables de más de cuatro horas? Recuerdas los duro que fue?…tengo calor, me duelen las piernas, me mareo y a penas puedo respirar…Pero voy a acabar. Qué sensación más extraña. Estoy sufriendo pero no pienso abandonar. Voy a terminar.

Tras varios minutos en el parque que parecieron ser horas, tras varias sesiones fotográficas de los chicos y sus palabras de ánimo que me empujaban hacia la meta durante todo el recorrido, y tras Julia que siempre andaba ahí, unos metros delante, por fin veo el arco de meta. Unos metros más, y lo tienes. Las personas que quedan aplauden, mis animadores me animan, mis compañeras al otro lado de la meta, y Krisz y Valeria en el lado derecho del pasillo que me conducía a mi objetivo. De repente la oigo a ella pero no la veo hasta que consigo encontrarla y me da a Valeria.

Ahora sí, Valeria y yo, entramos en meta. Conseguimos nuestro objetivo…TERMINAR. Hemos terminado. Valeria, mis demás animadores, mis compañeras, mis miedos, mis inseguridades y yo, HEMOS TERMINADO. Ya no hay nada que me pueda parar. Lo hemos conseguido.

Un saco de emociones se agolpan en entre mi pecho y garganta: felicidad, nerviosismo, euforia, alegría… No puedo creer lo que acabo de hacer.

Mis compañeras me abrazan, yo las abrazo. Nos felicitamos. Nuestros animadores nos besan, nos felicitan y tras tanto caos emocional, me la encuentro a ella, frente a frente. Esa persona que acabo de conocer y que cree en mí. Esa persona que me empujó a subirme a este tren y al que, inexplicablemente, me subí. Ahí estaba Krisz, con lágrimas en los ojos. “Lo has conseguido”, me dijo.

Nunca olvidaré esos momentos justo después de cruzar la línea que me separaba de mi primer objetivo. Había entrado de las últimas, como cabía esperar, pero nadie ganó más que yo. Gané seguridad, gané en autoestima, gané compañeras y gané amistad. Gané ganas de de empezar a disfrutar de algo totalmente nuevo para mí, ganas de esforzarme cada día más. Y la gané a ella, que creyó en mí y me metió de cabeza en esta aventura que se ha convertido en mi modo de vida.